Por José Francisco Montecino

El 10 de mayo, Corea del Sur volvió a estar en la defensiva. En ese entonces, las autoridades de salud del país asiático reportaron más de 50 nuevos casos, vinculados a un individuo de 29 años, quien visitó bares y clubes en un famoso barrio de Seúl, la capital surcoreana.

Corea del Sur es visto como un ejemplo en el manejo de la crisis sanitaria por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que produce la enfermedad Covid-19. Fue uno de los primeros países en reportar contagios fuera de China. En vez de apostar por una cuarentena como el resto de las naciones, el gobierno optó por masivos testeos y rastreo de contactos, además del uso de mascarillas en la vía pública. A marzo, reportaba una tasa de mortalidad de solo un 0,6%.

Para el 22 de junio, sin embargo, las autoridades surcoreanas confirmaron que estaban en una segunda ola de casos de contagios. 

Otro país que destacó por el manejo de la crisis fue Nueva Zelanda. El 8 de junio, su primera ministra, Jacinda Ardern, confirmaba que no se había registrado ningún nuevo contagio. Sin embargo, 25 días después, se notificaron dos nuevos casos, que llegaron a la isla desde Londres, luego de que las fronteras del archipiélago se abrieran a ciudadanos neozelandeses y familiares.

La alarma de nuevos brotes

A la fecha, no son los únicos países que están en la segunda ola de contagios.

En Beijing, la capital china, se han reportado nuevos casos en un mercado mayorista de la ciudad. Hasta el 19 de junio ya se contabilizaban 180 personas contagiadas. Para el 23 de junio ya se cuentan 249 nuevos contagios. Las autoridades de salud de China también advirtieron de 30 nuevos casos importados detectados en Hong Kong.

En Israel se informaron más de 300 nuevos contagios en los últimos días. Irán y Arabia Saudita también enfrentan nuevos casos y aumento de muertes, luego de relajar las medidas con las que lograron amortiguar la primera ola de SARS-CoV-2.

En Europa, en tanto, en Alemania ya han reportado rebrotes.

Otro país que atraviesa una segunda ola del nuevo coronavirus es Costa Rica. A inicios de junio, el ministro de Salud local, Daniel Salas, reconoció que la nación caribeña atravesaba la segunda ola de contagios.  Más cerca de Chile el panorama tampoco cambia. Uruguay informó el 18 de junio solo 12 casos activos. Para el 21 del mismo mes, la cifra llegó a 37. Colombia decretó cuarentena a nivel país hasta el 15 de julio, debido al aumento de casos positivos y fallecimientos.

¿Qué está ocurriendo? “La explicación es muy clara. Tiene que ver con que la inmunidad“, afirma el doctor Jaime Labarca, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Católica de Chile.

Labarca explica que los estudios muestran que, luego del peak registrado en estos países, solo el 10% de la población se contagió.

“Por ejemplo, en Italia, en la zona norte, luego de todo lo que pasó, todas las muertes que hubo, un 10% de la población tuvo la enfermedad, y hay un 90% de la población que sigue siendo susceptible. Esos datos se replican en España, en Inglaterra”, argumenta el especialista.

Por esto, sigue Labarca, aun queda una cantidad importante de la población que no se ha contagiado y son susceptibles. “El 10% no es la inmunidad de rebaño, no elimina la circulación del virus de la ciudad o el lugar”, dice.

Sin embargo, el doctor aclara que un 10% “es suficientemente importante como para que el virus tenga un grado dificultad para contagiar gente, y las medidas epidemiológicas tengan algunos resultados positivos en términos de que permiten un control del brote”.

Los nuevos brotes estarían relacionados al regreso a la vida cotidiana, según lo explicado por el doctor Labarca. “Cuando la sociedad se enfrenta a un retorno de la vida más común, el virus sigue presente y habrán más casos nuevos de los que no se contagiaron en la primera ola. Pero probablemente habrá menos contagiados, el virus no se transmitirá con la misma rapidez y fuerza, y probablemente sea más fácil de controlar esta segunda ola”, explica.

Una visión distinta tiene el médico infectólogo del Hospital Regional de Antofagasta y académico de la Universidad de Antofagasta, Francisco Salvador. El experto manifiesta que “probablemente esta segunda ola no solo obedece a pacientes que no se contagiaron en la primera ola, sino que puede corresponder a aquellos pacientes que se pueden recontagiar debido a que no crearon una inmunidad adecuada”, o aquellos que dejaron de tener la barrera contra el SARS-CoV-2 y vuelven a ser susceptibles.

Misma opinión comparte el médico especialista en Salud Pública y epidemiólogo del Instituto de Salud Pública de la Universidad Austral, José Manuel Manríquez. Asegura que aun no se conoce cómo finaliza la infección provocada por el SARS-CoV-2 y, por lo que se ha visto tiempo después de iniciado el primer brote a nivel mundial, “a los dos meses después de ocurrida la infección, según los últimos estudios, la inmunidad es muy baja. Gran parte de las personas que fueron asintomáticas, no generaron inmunidad. Qué implica eso, que obviamente son personas que pueden volver enfermarse, y que pueden volver a transmitir la enfermedad. En la práctica, eso puede ocasionar nuevos brotes”. 

Manríquez recalca que en Europa empezaron a descender los números de infectados y de muertos, lo que llevó a los gobiernos a reabrir la economía y reactivar la sociedad. “Como se espera en enfermedades que dejan muy poca inmunidad es que se produzcan nuevas olas pandémicas”, dice.

¿Qué pasa con Chile?

Los expertos coinciden en que una segunda ola es inevitable en nuestro país. De hecho, ya se reportan nuevos brotes en regiones donde se había superado el peak de contagios, específicamente en las zonas de Ñuble, La Araucanía y Magallanes. 

En una entrevista a Radio Bío Bío, el ministro de Salud, Enrique Paris, explicó que “la segunda ola tiene que ver mucho con la cantidad de pacientes que quedan sin anticuerpos“.

“Cuantos menos pacientes con anticuerpos tengamos, la segunda ola es más probable”, argumentó.

El doctor Salvador, en tanto, recalca que una vacuna efectiva contra la Covid-19 podría estar lista recién en un año. Por esto, agrega, las medidas más efectivas por ahora son “el distanciamiento físico, el lavado de manos, después de tocar superficies que podrían estar contaminadas, evitar tocarse la cara, sobre todo los ojos, la boca y la nariz, además del uso de lentes o escudo facial para cubrir los ojos”.

El doctor Manríquez asegura que hay que estar listos para una segunda y una tercera ola. “Sabemos que esperar a que la gente se infecte lentamente, para generar un efecto rebaño, como se planteó en un principio, es una medida que no es adecuada, por la baja inmunidad que deja la infección. Esto implica que el control y medidas epidemiológicas deben estar presentes”. 

“Por otro lado, debe haber apoyo del Estado intersectorial hacia las comunidades y poblaciones que tienen menos posibilidades de cumplir con un confinamiento o restricción de la distancia física. Ahí debe haber mucho más apoyo, esto no termina al bajar los casos”, agrega el experto en Salud Pública.

Con respecto a la realidad de las regiones, Manríquez recalca que en diversas regiones las situaciones son complejas. Como el caso de Antofagasta, debido a la actividad minera que no se ha detenido, lo que facilita el surgimiento de nuevos brotes epidémicos.

“Hay que tener cuidado con eso. Hay que contextualizar cada región para ver las posibilidades de nuevos brotes. Es imposible mantener una comunidad alejada de otra, es posible que personas infectadas se trasladen de un lugar a otro”, aclara Manríquez.

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